No sé de quién es esta frase, así que se la voy a atribuir a la persona a quien se la escuche decir: Encarna.

Encarna era mi profesora del año pasado de Francés, una persona con la que me encantaba conversar puesto que siempre intentaba dar en el clavo a la hora de describir cualquier tipo de situación con las palabras adecuadas…

Pero entrando ya en materia, esta frase: “El límite del lenguaje es el límite del conocimiento” es una frase que adoro porque queda feo no saber explicarte ni expresarte y es algo que todos tendríamos que aprender para poder comunicarnos de manera óptima. Es una frase que no he tenido en cuenta hasta ahora (en sentido de querer aplicarla, por supuesto), aunque a la hora de expresarme intentaba hacerlo con el mayor número de palabras sin repetir que me fuera posible y ahora también lo sigo haciendo, lo hago para poder implementar cuantas más palabras, mejor para mi vocabulario cotidiano.

Sin darme cuenta hace un tiempo cuando aún estaba en Educapolis, Luciano me dijo que todas aquellas palabras que no supiese su significado las buscase en el diccionario para poder saber más léxico y aplicarlo. Ahora me doy cuenta de la importancia que tiene saber expresarse, saber manejarse en el lenguaje, saber unirlas ideas, etc… y no sólo eso, sino la cantidad de posibilidades infinitesimales que hay para desenvolverse mejor.

Además, me he estado fijando en los monólogos de Dani Rovira y Dani empieza a soltarte adjetivos de cómo era una persona o cómo estaba y cada vez que más adjetivos más objetivamente describe esa persona o su situación, es como sumergirnos en su estado. Ésto me gustó desde que empecé a tener consciencia de la frasecita por los motivos que he dado antes.

En resumidas cuentas: A leer más, a saber más y a expresarse cojonudamente fenomenal… y a “aprehender” conceptos nuevos.

¡Un besito de buenas tardes!

Boom, boom…
Suena el corazón.
Toc, toc.
¿Quién es?
Soy yo de nuevo, te traigo tu café rutinario y recién hecho, calentito.

La sopa, la pechuga y la hamburguesa ya estaban frías cuando llegó de clase. Dejó la mochila en su cuarto, encima de su cama y pensó que hoy era mejor no haber salido de la cama. Se fue hacia la cocina y preparó la papilla para darle de comer al polluelo. Empezó a darle de comer y los movimientos que hacía el agaporni le produjo una sonrisa, una sonrisa que al poco tiempo se le borraría de la cara… cuando terminó de darle de comer pensó en su comida aunque no tuviera mucha hambre, tenía que comer, así que se calentó la sopa a regañadientes y sin quejarse, cogió la bandeja roja con dibujos varios sobre la cual puso el cuenco con la sopa, el segundo plato y su vasito de agua. Le vino a la mente sin saber por qué el título de una canción: “Nada crece si no come.”
Sólo quería un rato de paz, comer tranquilo pero como de costumbre, no fue así. Cuando llegó al salón, se encontró con la misma situación que siempre: Su abuelo sentado en el sillón (éste hombre a cada día que pasa me asombro más con él, parece una estatua, no se mueve a no ser que sea para satisfacer sus necesidades fisiológicas.), su abuela aún no se encontraba ahí -luego se sentó al lado de su marido en el sillón contiguo-, su hermana haciendo una especie de caseta con una caja de cartón sobre el mueble -si de la imaginación viviesen las personas y ésta fuera el indicador de éxito, los niños serían los que estarían en la cúspide de esa piramide- y sus padres no se encontraban en el salón.
Cogió la cuchara y empezó tomandose la sopa cuando terminó, siguió con el segundo plato: pechuga y hamburguesas frías -que quieres que te diga, pasó de calentarse ese plato- cuando llevaba dos bocados de pechuga, dejó el plato sobre la bandeja, se levantó, recogió lo que ensució y antes de recogerlo, iba a pegarle un golpe a la mesa, pero antes de pegarselo, pensó, pensó y volvió a pensar si valía la pena.
No, no valía la pena, por eso se fue a un sitio más tranquilo, pensó -como no- en irse al Llano de la Perdiz, pero antes tenía que sacar a los perros.
En un momento dado su hermana cogió la mochila mientras que la abuela entraba al salón, la chiquilla le dijo a la señora: “Ten cuidado” y mi abuela que no se percató del comentario de mi hermana, se sentó en el sillón y mi hermana le dijo: “Has pisado el pipi, ahora tienes que limpiarlo.” Mi abuela le contestó: “límpialo tú que lo has visto primero”.
A cada comentario más infantil que el anterior. (Hay que destacar que antes mi hermana estaba ante los cajones donde mi abuela tenía colocar el mantel, mi hermana no la dejó y le dijo que ya se encargaría ella. Después dijo que no lo iba a meter y mi abuelo le echó la bronca por decir que lo iba a poner y que no lo pusiese) y así poco a poco, lenta y parsimoniamente la ansiedad y el malestar se intrometen en mi casa, como de un inquilino no deseado se tratase. Haciendo que, día tras día, la cosa se desestabilice un pelín más de lo que ya lo estaba ayer.
Liberarse, liderando la batalla principal: la batalla interna.
¡Ánimo equipo!

Vi oportuno dejar de escribir por motivos que vamos a obviar. Todo estos días he estado entre la confusión, la inseguridad, el artificialismo y otros estados improductivos e incluso autodestructivos. Bajaré tanto el volumen para contarte el siguiente secreto, que aunque a penas lo escuches no hará que amortigue tu caída: he estado sin saber qué hacer ni hacia dónde ir. Ha sido como una alienación de mi persona, como si me desligara de mi propio ser (algo que no quiero ni volver a sentir).

Si había algo que me ayudaba a combatir esa sensación era con total seguridad: escribir; pero no aquí. No, no podía escribir aquí lo que sentía, tenía que escribirlo en papel porque era lo que más a mano tenía cuando necesitaba escribir.

“No sé qué hacer, me quedo mirando al vacío mil horas después…”

P.D.: Como tantas otras cosas que empiezo y no acabo, esta entrada la empecé a escribir hace dos días y se me han escabullido las ideas que queria exponer…

¡Un abrazo!

Recuerdo que cuando estuve viviendo en Ceuta me asomaba a la ventana de mi cuarto y veía un bosque, era maravilloso ver como se mecían las hojas de los árboles con el viento. Recuerdo que había unas ramas de un árbol que pegaban justamente enfrente de mi ventana, el cual cortaron tiempo después, casi podía llegar a tocar esas hojas si no fuera porque había rejas en mi ventana.

Ahora, la ventana de Granada me brinda la posiblidad de ver el amanecer saliendo por las casas de la izquierda, miro un poco más allá y veo Sierra Nevada, en tiempos pasados seguro que fue preciosa hasta por estas fechas (8/Septiembre/2011) por esos tiempos aún seguía nevada. Por la noche, tengo la posibilidad de ver en la oscuridad por una tenue luz proveniente de nuestra luna, además, ayer noche verla en fase creciente.

Asómate a la ventana y mira el mundo a tu alrededor girar.

Yo lo veo… ¿Y tú?

Los libros están sobre la mesa del salón, matemáticas y lengua, hay además los utensilios básicos del estudiante: bolígrafos, lápiz, goma, folios, libretas, calculadora y mi abanico.

Lope es, como mínimo, un hijoputa. Hemos quedado a las 18.30, he subido a su casa y me lo he encontrado echado en la cama intentando seguir conciliando la siesta. Lo he intentado despertar pero siempre me decía que en cinco minutos se despertaba, he optado por avisarle de que me iba y se ha levantado de un brinco. Eso sería a las 19.20, había quedado con él para ayudarle en el análisis morfosintáctico, que mañana tiene el examen de lengua. Son las 20.52 y ahora está en el sofá durmiendo mientras yo escribo esto.

Javi es, como mínimo, un bonachón

(El párrafo sigue en mi libreta, pero en el blog acaba aquí.)

Hace tiempo que no escribo, así que como no tengo nada que hacer hasta esa hora, pues escribiré lo que se me pase por la cabeza.

¿Podrías describir con pocas palabras lo que sientes ahora mismo?

Ahora mismo siento tantas cosas que no sé por cuál empezar, pero si no empiezo por alguna no empezaré.

He leído y releído entradas en blogs de psicología para poder comprenderme mejor, para poder hallar algo con lo que sentirme agusto, tranquilo y paz.

Mi vida nunca ha sido tranquila y ha estado movida por impulsos y eso me ha llevado a los extremos, los extremos nunca son buenos, ahora estoy intentando buscar paz, el equilibrio entre las cosas que hago, las que siento y las que pienso.

Siempre nos preguntaremos por cosas pasadas y por los puñeteros y si’s (¿Y si no hubiera hecho esto? ¿Y si no hubiera echado por este camino? ¿Y si no te preguntaras estas cosas? Mejor.). Si algo que siento es no preguntarme por estas cosas porque sin duda me haría daño y no quiero hacerme daño, porque mi mente es mía y tiene que ser constructiva y no autodestructiva. Por eso últimamente no me pregunto el por qué de las cosas, han sucedido y punto.

Pero a veces es fácil preguntarse el por qué de las cosas que sucedieron y más cuando no tienes nada que hacer… cuando tienes que acostarte, cuando te levantas, cuando vas por algún camino conocido y que te trae recuerdos agradables, pero los revives y son amargos.

No voy a estancarme en el pasado, es fácil decirlo pero es mucho más difícil hacerlo. Sólo hazlo, no lo pienses. (A veces lo impulsivo es constructivo.)

La esperanza es lo último que se pierde.

Vivo anclado a una esperanza, una esperanza que me hace daño, una esperanza de la que me tengo que deshacer.

Por eso: “La libertad consiste en perder toda esperanza.

Acabé, pero esto sólo es un trozo de las pocas palabras que puedo escribir.

¡Talue!

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del habito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su guía. Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las “ies” a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando esta infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo. Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar. Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandonando un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar. Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.

Pablo Neruda

“…A veces cuando algo sucede, pensamos que no debería haber ocurrido así. Por eso sentimos, cuando muere un ser querido, cuando perdemos unas elecciones, cuando sufrimos cualquier derrota, que todo ha terminado. Y no es verdad. Ése es el principio siempre. Porque la grandeza se alcanza, no cuando todo va bien, sino cuando la vida te pone a prueba, cuando tienes un gran tropiezo, cuando te decepcionan, cuando la tristeza te invade. Porque solamente estando en lo más profundo del valle, puede saberse lo magnífico que es estar en la cima de una montaña.”

Para bruce no era sólo cuestión de correr más kilómetros, hacer más series o aumentar los kilos de sus pesas. Llegó a la solución del “Problema” de forma científica:

  1. Fijar nuevos objetivos para el estado físico y la salud.
  2. Investigar la mejor forma de lograr los cambios deseados.
  3. Fomentar nuevos métodos mediante el empleo de la ciencia, el almacenamiento del progreso y la modificación del enfoque necesario.

No habia nada fortuito en la rutina de entrenamiento de Bruce, ni era particularmente “afortunado” por haber empezado con un don físico natural. Los mayores talentos que Bruce empleó para hacer realidad sus sueños fueron la “inteligencia” y la “Curiosidad” (mano a mano, una poderosa combinación), la “dedicación” y la “perseverancia” (tenacidad incluso para afrontar los obstáculos que debía superar) y la “concentración” (disfrutando del viaje tanto como del destino).

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